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Neo
secularización ¡ya!
Marvin
Aguilar, culturólogo
Tarde o temprano llegará
un papa al trono del Vaticano, que no será conservador. Llegará.
Me uno a los que así piensan. Una de las ventajas de occidente en
relación a los países islámicos es que la idea, que la
religiosidad puede centrarse en el individuo y no ser pública se
esta extendiendo cada día. En unos países desde hace un siglo, en
otros como el nuestro aún no. Es la nuestra una sociedad con
parálisis que se va vistiendo despacio. Pero hacia allá vamos.
Cualquiera que piense que las ideas que predominan en El
Salvador del 2009, seguirán en pie en el 3009, debe tener la
idea que Dios nos odia. Como una bendición del cielo sé que los
integristas mutarán.
¿Revolución sexual? Desde
que Wilhelm Reich, dio las bases para este fenómeno socio-cultural
mucho se ha –pienso- tardado en llegar esta al colegio
cardenalicio. He analizado en dos artículos anteriores publicado
uno en lapagina.com.sv (Contra Natura) y el otro en
blog.alteriuris.net
(Jesucristo y la sexualidad) la postura –que basada en la Biblia-
la iglesia cristiana defiende en El Salvador. ¿Por qué la iglesia
no cambia? ¿Por qué siempre pide a la feligresía aceptar los
dogmas por fe? ¿Por qué farisaicamente se auto nombran los
representantes de Dios en la tierra? No sé. No soy sacerdote, ni
pastor. Y no creo en las verdades eternas o absolutas. Todo
cambia. No soy perfecto.
Pero, sí
se puede aportar algunos cambios que la iglesia tendrá con el paso
del tiempo caminar en este cada vez inaplazable proceso de neo
secularización - a la que las mismas iglesias paradójicamente
cual época medieval nos están empujando-. Veámoslos:
Primer cambio: el sexo es
bueno. Fue puesto por Dios. Equilibra, construye y me permite
alcanzar la felicidad. Sexualidad y genitalidad no es lo mismo. La
sexualidad es un camino al misterio del Dios-amor.
Segundo cambio: la unión
genital entre un hombre y una mujer tiene dos finalidades, no sólo
una como se empeñan en disimuladamente decirlo, son: crecer en el
amor y fundar una familia. Y ninguna de estas es más importante
que la otra. Imponer una de estas dos vertientes sobre la otra ya
sea desde el pulpito o desde un acto de diatriba en el culto, es
un patología. Sólo cuando en una relación entre dos personas se
vean imposibilitadas para cumplir la procreación, deberá entonces,
dársele crecimiento en pareja a la otra.
Análisis aparte merece
aquí el concepto de matrimonio. ¿Qué es el matrimonio?
Según el instituto real de antropología, el matrimonio es una
unión entre un hombre y una mujer de modo que sus hijos nacidos de
la mujer sean reconocidos como descendencia legitima de ambos
cónyuges.
Pero esta definición que
data desde 1951, ya no es válida. Muchas sociedades reconocen los
matrimonios plurales, la conocida como poliandria fraternal, en el
Himalaya. En la comunidad Arembepe, Brasil las gentes pueden
elegir entre varias formas de unión marital. Sí, unos optan por
vivir de hecho con un cónyuge, se casa con otro por lo civil,
en un juzgado de paz, y mediante un acto religioso con otro.
¿Contó bien? Vive una sola persona con tres cónyuges sin jamás
divorciarse. La comunidad lo permite.
En Sudan, una mujer de la
etnia nuer puede casarse con otra mujer, si su padre sólo tiene
hijas y no cuenta con un heredero varón. Para ellos esto es vital
porque se necesita mantener la supervivencia patrilineal. Por
supuesto es una simbólica y social en lugar de sexual.
Decir que el matrimonio es
divino y que es entre un hombre y una mujer exclusivamente, es
ignorar la poliginia y la poliandria que han existido dentro de la
historia de la humanidad y que aún persisten en varias partes del
mundo actual. Ahora podemos estar de acuerdo en occidente que la
monogamia es lo más razonable. Eso es otra cosa.
Divinizar el matrimonio por
parte de las iglesias es querer imponer una visión particular
sobre ese vínculo que no nace y se desarrolla desde la Biblia
cristiana, la Biblia es parte de ese proceso más amplio. El
matrimonio pasa por vivencias humanas como: el incesto,
degeneración biológica, la atracción y el rechazo, exogamia,
poligamia (Kenia), la endogamia, las ideas de las castas (India),
el incesto real (Egipto), el matrimonio como alianza de grupos, la
compra de la novia y el dote, el matrimonio como una alianza
duradera entre clanes o estados (Europa), el sororato y el
levirato. Si vemos con detenimiento estas etapas de cómo los
humanos nos hemos unido a lo largo de la historia descubriremos
con desilusión que es mentira que amor y matrimonio van de la mano
siempre.
No podemos llegar a una
definición universal de matrimonio. Las instituciones clasificadas
como matrimonio dependerán de cada sociedad, de que derechos una
cultura decide otorgarle al matrimonio y a quienes se les
permitirá llevarlo a cabo. Es debido que por esto en los países
desarrollados se avanza hacia las uniones gay. Se pretende ampliar
derechos. Reconocer la diversidad. En El Salvador es posible que
una mayoría asustada piense que las uniones homosexuales
sean el signo del fin de los tiempos, y por eso no se aprueben
dichas uniones. Pero eso no legitimará nunca que el matrimonio
pueda definirse como una unión exclusivamente heterosexual y
menos entre dos.
Tercer cambio: hay que
erradicar el estoicismo del cristianismo. El placer es parte
importante del ejercicio de la sexualidad. No amamos el dolor.
Cuarto cambio: Debemos
juzgar a los humanos no por su ejercicio sexual, sino por los
valores de justicia e igualdad. Es decir una sexualidad que se
encuentre en la dimensión humanizante y humanizadora. La iglesia
institucional no debe tomar las decisiones de la cama de la
feligresía, y menos las de un país entero. Propugnemos la libertad
y la responsabilidad como la clave para una vida sexual del ser
humano. ¿Quizás una educación fundamentada en la diversidad y no
en la doble moral ayudaría a esto?
Quinto cambio: el sexo es
muy importante en la vida de la humanidad como para tratarlo de
manera ligera por personas que no lo practican o por pastores
mojigatos. Deben entender los lideres religiosos que las
decisiones en materia de sexualidad pueden convertir en un cielo o
infierno la vida de alguien. Una vida cristiana y humana debe
incorporar a la sexualidad como algo normal en la vida de su grey.
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